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Una cierta nostalgia
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Una cierta nostalgia

de María Eugenia Ramos

Si bien es cierto que la prosperidad de un país podría medirse por su crecimiento económico, en realidad esto no se traduce en mayor bienestar, y mucho más en Centroamérica, una región cuya oligarquía empresarial marca el camino de las políticas económicas, financieras y de desarrollo social de los gobiernos centroamericanos.

Y es que la región centroamericana se enfrenta a un desafío sin precedentes, que abarca tanto dimensiones sociales como ambientales. Por un lado, se observa la incapacidad de los gobiernos para traducir el crecimiento económico en progreso social, lo que ha contribuido a una crisis climática cada vez más grave, con proyecciones de empeorar en el futuro, y con implicaciones sociales y amenazas para los derechos humanos. Por otro lado, se evidencia un deterioro del contrato social. Una de las mayores limitaciones para el desarrollo en Centroamérica es la pobreza, en parte asociada a la desigualdad en los ingresos y en la distribución de la riqueza. Y aunque la desigualdad no es solo un fenómeno económico o social, sino también lo es político, una de sus consecuencias más desgarradoras es, sin dudas, la creciente emigración, como medio de supervivencia hacia países como los Estados Unidos. Un fenómeno que está en constante aumento debido a una combinación de varios factores; tales como la violencia y la represión, el lento crecimiento económico, a pesar de la estabilidad, los efectos de desastres naturales, y la demanda de mano de obra inmigrante en la economía global.

A pesar de no ser una zona de guerra, la región centroamericana es una de las más inseguras del mundo. Sus altos índices de violencia y criminalidad, así como la poca confianza de sus ciudadanos en los aparatos estatales de seguridad y justicia son un reflejo de esta realidad. De hecho, en los últimos 10 años, el índice de violencia ha ido en aumento y ahora ha alcanzado proporciones de crisis en Centroamérica, perturbando millones de vidas y frenando el desarrollo social y económico. El desafío es más extremo en El Salvador, Guatemala y Honduras, la región conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica, un área que alberga alrededor del 8% de la población mundial, pero alcanza el 37% de los homicidios.

Centroamérica está enferma.

Este contexto asfixia a la región. La exposición a la violencia crónica y aguda puede provocar un trauma, que puede tener graves consecuencias negativas para las personas, las comunidades y la región en su conjunto. Los sucesos traumáticos, incluida la experiencia o el testimonio de la violencia, están vinculados a problemas crónicos de salud física y mental, a la disminución de los resultados educativos y económicos y a una mayor probabilidad de perpetuación o revictimización. La violencia y el trauma también han provocado una pérdida de talento, ya que cientos de miles de jóvenes y familias se han visto obligados a huir de la región.

Y a pesar de este contexto, el acceso a la atención de salud mental para mitigar los efectos del trauma es prácticamente inexistente en estos países. La salud mental sigue estando estigmatizada, mal financiada y hay muy pocos profesionales de la salud mental, especialmente a nivel comunitario. Los niveles de ansiedad que vive la población centroamericana van en aumento vertiginosamente pues los trastornos de ansiedad son influidos por cuestiones ambientales y del contexto social. Una región violenta, sometida a presiones económicas, desigualdad, violencia, abuso y maltrato. Problemáticas que ponen a las personas en situaciones difíciles; personas que tienen que aprender a sobrellevar conflictos económicos, sociales y familiares. Y en la mayoría de las veces, el ser humano manifiesta, a través de la ansiedad patológica, su incapacidad para resolver estas situaciones.

A pesar de que los gobiernos de istmo intentan promover marcos legales que normen las responsabilidades, obligaciones y funciones del estado, en materia de salud y bienestar de los centroamericanos, hacen falta medidas más agresivas para atajar el problema; un problema que, como hemos apuntado, atiende principalmente a factores sociales de exclusión y pobreza. Una realidad multifactorial que influye en el estado emocional de la persona y sin la atención adecuada, se convierte en desencadenantes de una enfermedad mental.

La literatura es una expresión artística que se nutre y se enriquece de la realidad que envuelve a los narradores y poetas. Cada obra literaria es el resultado de una fusión entre la imaginación del escritor y los elementos de su entorno. Y definitivamente la realidad centroamericana proporciona a los narradores y poetas del istmo un marco de referencia y se patentiza, de una forma más o menos intensa, en los diferentes horizontes literarios que se desarrollan.

De todo el imaginario literario de la región, hay una escritora que, a nuestro juicio, sabe catalizar todo ese torrente de realidad casi surrealista para plasmarlo en relatos que fungen como una válvula de escape y también, como un laboratorio. Ante la aplastante realidad, los centroamericanos necesitamos válvulas de escape que ayuden a que esta olla de presión no estalle por los aires.

Y son los relatos de esta escritora, ese mecanismo que nos ayuda a hacer frente a la asfixiante realidad en la que vivimos. Sus relatos son como una especie de vacuna literaria que, al igual que las inyecciones que se aplican para atajar una enfermedad, que contienen partes atenuadas o inactivadas de un antígeno que provoca una respuesta inmunitaria en el cuerpo, por las líneas de sus narraciones fluye el virus inoculado de la realidad centroamericana: violencia, ira, ansiedad, frialdad, oscuridad, muerte, incomunicación, locura, soledad y sobre todo, sueños, en su mayoría rotos, que adornan de un halo fantástico, casi surrealista, la visceral realidad cotidiana de Centroamérica.

Nos referimos a la escritora hondureña María Eugenia Ramos, siendo nuestra válvula de escape, su compilación de relatos, Una cierta nostalgia.

La autora de estos relatos tamiza la trama narrativa ofreciendo una perspectiva, desde sus vivencias personales y sensibilidad creadora, de los problemas sociales que nos aquejan a diario: la violencia de género, la corrupción y los abusos de los entes policiales y el acoso a la sociedad por parte de los mismos, el desolado paisaje de nuestra realidad decadente, el pesimismo ante una sociedad que no es nada más que el reflejo de sus males.

Una cierta nostalgia de María Eugenia Ramos reúne once relatos en los que permean lo real y ordinario, los temas relacionados con lo urbano, lo cotidiano mezclados con lo fantástico como fórmula estética, además de la vigencia de sus temas y el buen manejo de lenguaje; narraciones de una fuerza expresiva que emana del aparente distanciamiento con que se cuentan las historias que, evitando la reiteración de patrones realistas, barajan las cartas de lo simbólico y alegórico, especialmente eficaces cuando se abordan temas feministas.

Helen Umaña, investigadora, crítica literaria, ensayista, escritora hondureña, y prologuista de esta obra, afirma que en estos relatos nos vemos enfrentados a realidades que son circulares, cíclicas, frecuentes o repetitivas en nuestra actualidad. Sus personajes no son individuos que cumplen las funciones de un héroe común, sino que son seres sufridos y aquejados por la realidad, en su mayoría son tipos que buscan una salida a su mundo de insatisfacción e impotencia, resignados a que las fuerzas del destino son las únicas que rigen las oportunidades de este mundo.

Esta compilación de textos inicia con el relato El vuelo del abejorro. Un texto, que bien podría ser un sueño, explora la pérdida de la vida física, “El vuelo del abejorro”, cuya melodía homónima de Rimsky-Kórsakov constituye el telón de fondo para la aparición de un sicario, cuyo ataque se reproduce detalladamente.

Para elegir la muerte es un cuento fantástico que rompe los moldes de la realidad, pero al mismo tiempo es perfectamente cotidiano. En una sociedad consumista también hay una oportunidad para elegir la muerte. Un hombre que llega a un local en busca de una manera de morir. La joven que lo recibe le muestra una serie de opciones disponibles en tapices que cuelgan de la pared a modo de catálogo. Y frente a ellos el protagonista debe escoger la muerte que sellará su vida.

El tema feminista se aúna al tema político (represión, torturas, colaboracionismo profesional) en el relato Domingo por la noche. En la calle, durante el toque de queda, una patrulla militar detiene a tres mujeres; los soldados se regodean imaginando la futura violación de las víctimas; una de ellas se identifica como la esposa de un médico y, aunque no las conoce, intercede para que suelten las otras; como el médico colabora con los torturadores, los soldados acceden al pedido.

El relato Entre las cenizas pone sobre el tapete el papel de objeto sexual y aniquilamiento personal a que el sistema somete a la mujer, destinada a consumirse en el altar de las necesidades masculinas. La otra es la historia de una joven obsesionada con su belleza, al punto de tapizar de espejos su casa y encerrarse en ella hasta la muerte. En ambos relatos, la imposibilidad de conciliar la vida real con el mundo que ellas imaginan o sueñan para sí mismas atrae trágicas consecuencias en lugar de finales felices.

En el sobrio relato de La partida, se ventila el tema de la separación de la pareja: simbólicamente, un gran terremoto destruye la casa que habitaban.

Cuando se llevaron la noche, relato en el que una pareja de amantes riñe hasta que ella descubre que afuera de la ventana no hay nada.

El relato de Los visitantes conecta con la literatura de ciencia ficción. Una joven a punto de alcanzar la mayoría de edad pierde la inocencia, pero gana el amor al conocer a un visitante del espacio exterior. El extraterrestre le transmite el conocimiento de su lejano mundo amenazado por una extraña enfermedad que consistía en la incapacidad de sentir amor primero, para después perder la capacidad de sentir dolor y finalmente secarse hasta la médula de los huesos debido a la incapacidad de llorar.

El viaje plantea una enigmática travesía entre sueño y realidad en la cual su protagonista nunca alcanza a dormir lo suficiente para terminar el sueño recurrente de su vida, hasta que llega el día en que su sueño termina por alcanzarla.

En El círculo, una anciana vuelve a casa con su marido sólo para encontrar que hay en ella gente extraña que la hace dudar de si ella alguna vez perteneció ahí.

Cierra esta recopilación de relatos, el titulado Una cierta nostalgia. El protagonista es un hombre que expresa sus dudas sobre el estado en que se encuentra: uno de oscuridad total en el que no acierta a descifrar si está vivo o muerto, o si las imágenes que desfilan ante él corresponden a su historia. Un hombre que aun con esas dudas encuentra en sus estériles palabras el único motivo para no dejarse morir en las tinieblas.

Para la cronista y ensayista salvadoreña Ruth Grégori, Una cierta nostalgia de María Eugenia Ramos consolida su valor que le han conferido como referente del cuento en Honduras, tras veinte años después de su publicación original. Buena parte de los relatos gozan de alta inmunidad al paso del tiempo. Los más fantásticos, como las relecturas de cuentos de hadas; los más insólitos como “Para elegir la muerte”, o los más perturbadores como aquellos donde se extravía la cordura, con toda probabilidad siguen interpelando al público lector de ahora con igual agudeza que hace dos décadas. Sin embargo, los cuentos más realistas, ambientados “coyunturalmente” en las atmósferas oscuras y densas de la represión política que imperaba en la región centroamericana de los años 80, de algún modo se sienten como si fueran postales de antaño cada vez más amarillentas.

Los relatos de Una cierta nostalgia se desarrollan predominantemente en términos de tiempo lineal y narraciones en tercera persona. Están hilvanados por la generación de atmósferas emotivas, atravesados esencialmente por un estado de ánimo evanescente y oscuro: el de la nostalgia que sentimos al vernos asaltados por la muerte. La muerte física de los que amamos, la muerte de los ideales que tuvimos, la muerte del mundo que conocimos o la muerte que presentimos.

En palabras del escritor, editor, crítico literario y promotor cultural hondureño, Gustavo Campos comenta que la extrema sobriedad narrativa de María Eugenia Ramos, su laconismo obsesivo, no entorpecen las tramas de sus cuentos; por el contrario, esa destreza es la que evidencia la altura literaria de Una cierta nostalgia. Es un libro lleno de símbolos, de inaccesibilidad, de hondas angustias, de terrores manifiestos y contenidos, que expresan la preocupación interior al verse impotente ante las fuerzas del mundo exterior.

María Eugenia Ramos juega con el simbolismo de la oscuridad y la muerte como si de una mítica Moira se tratase, creando sucesivos escenarios que construyen una nueva realidad, una búsqueda, sea entre sueños, espejos u oscuridad. En la narrativa breve de María Eugenia, la oscuridad (o noche) no solo es física, sino sicológica y muy simbólica, pero siempre queda reflejada la posibilidad de encontrar una puerta entreabierta. No obstante, la noche es el personaje principal, y tiene más que un carácter; abarca directa o indirectamente todos los cuentos, los abriga literalmente. Hay un manto de penumbra en todos los cuentos, ya sea la acción de día o de noche.

La escritora María Eugenia Ramos, en su último relato que también da título a este libro, Una cierta nostalgia, escribe:

Mientras llega ese momento, sigo recorriendo estas palabras, vacías, estériles, incapaces para hacerme vivir, pero suficientes para no dejarme morir en las tinieblas.

María Eugenia Ramos nos atrapa con sus relatos de Una cierta nostalgia, siendo responsable de que sus lectores nos convertimos, sin darnos cuenta, en un personaje más de su retorcidamente surrealista narrativa; de ella depende que lleguemos al Hades o que quedemos varados en un limbo perpetuo de tinieblas. Pues ella, con su buen quehacer narrativo, tiene la voluntad de tejer o cortar el metafórico hilo de la vida.


María Eugenia Ramos escribió Una cierta nostalgia y editorial Guardabarranco la publicó en el año 2000.

María Eugenia Ramos nació en 1959. Es una educadora, comunicadora, editora y escritora hondureña. Estudió periodismo y literatura en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Comenzó a escribir desde los 5 años y a los 9 años publicó Quink, su primer cuento, basado en los cuentos de hadas. Fue la cofundadora de Editorial Guardabarranco.

De su obra poética destacaremos Porque ningún sol es el último y la antología Poesía hondureña del siglo XX, y Honduras, Mujer y Poesía, en las que se incluyeron sus composiciones. Además del libro de relatos, Una cierta nostalgia, su obra narrativa figura en dos antologías de cuentistas hondureñas, en Pequeñas resistencias 2: antología del cuento centroamericano, en Puertos abiertos: antología de narrativa centroamericana y Centroamérica cuenta. La autora tiene un poderoso blog, diSentimientos, el blog de maría eugenia ramos en el que ofrece su visión de su obra, Honduras, su país, su padre, el periodista y educador Ventura Ramos y otros artículos de interés.

María Eugenia es una colaboradora asidua en las páginas de opinión de medios nacionales de Honduras. En 1978 obtuvo el primer premio en la rama de poesía en el certamen literario: “Independencia Nacional” y El premio otorgado por el bicentenario de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. En 2011 fue nombrada como uno de Los 25 secretos mejor guardados de América Latina por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México).


Fuentes consultadas:

  • Ramos, María Eugenia. Una cierta nostalgia. Tegucigalpa: Editorial Guardabarranco, 2000.  ISBN: 99926-12-08-8

  • Ramos, María Eugenia (2011). Una cierta nostalgia. En: DiSentimientos (3 de octubre). Recuperado de: enlace

  • Membreño Cedillo, Mario A. (2013). Reseña y Análisis crítico: "Una cierta nostalgia"de la escritora Hondureña, María Eugenia Ramos. En: Plaza de las palabras (4 de octubre). Recuperado de: enlace

  • Grégori, Ruth. (2018). “Once relatos para explorar la pérdida” (crítica). En: La Zebra (1 de febrero). Recuperado de: enlace

  • Campos, Gustavo (2016). "Una cierta nostalgia": persistencia en el tiempo y en la memoria. En: DiSentimientos (2 de noviembre).  Recuperado de: enlace

  • "Una cierta nostalgia” de María Eugenia Ramos (2017). En: Diario El Heraldo (28 de enero).  Recuperado de: enlace

  • Arista, Dennis (2017). El mundo perturbador de «Una cierta nostalgia». En: Carátula (25 de noviembre).  Recuperado de: enlace

  • Ramos, María Eugenia (2018). «Carta a mi hija» (memoria). En: La Zebra (1 de septiembre). Recuperado de: enlace

  • López, Kimberly Rocío (2022). La ansiedad es un monstruo que crece en un país que no cree en la salud mental. En: Plaza Pública (8 de agosto). Recuperado de: enlace

  • Más de 9 millones de centroamericanos recibirán apoyo de salud mental (2022). En: Estrategia & Negocios (23 de abril). Recuperado de: enlace

  • Castellanos, José (2023).La salud mental es un derecho humano universal. En: Congreso de la República de Guatemala (10 de octubre). Recuperado de:enlace

  • Ramos, María Eugenia. Una cierta nostalgia (2016). Disponible en enlace

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