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Los jueces
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Los jueces

de Arnoldo Gálvez Suárez

Centroamérica es la segunda región de más rápida urbanización en el mundo. Las zonas urbanas de Centroamérica viven un acelerado crecimiento que las llevará a concentrar el 70% de la población regional para 2050, con 35 millones de personas más que en la actualidad, según un estudio realizado por el Banco Mundial. El 59% de la población de Centroamérica vive en zonas urbanas, pero se espera que, en la próxima generación, 7 de cada 10 personas habrán de vivir en ciudades, lo que equivale a sumar 700.000 nuevos residentes urbanos cada año.

Estas proyecciones de asentamientos humanos urbanos contrastan con las actuales carencias en materia de vivienda que enfrentan los países centroamericanos, sumado a la informalidad de la mayoría de ellos y a que los niveles de concentración de la población y las actividades económicas en zonas propensas al riesgo aumentan más rápido que la capacidad de los gobiernos de prevenirlos y reducirlos. Según proyecciones de la agencia de naciones unidas, UN-Habitat, antes del año 2025 más de 8 millones de personas del istmo vivirán en hogares informales o tugurios, con un alto riesgo por su sobreexposición a eventualidades económicas, sociales y naturales.

Si bien es cierto que los países del istmo poseen contextos muy diferentes, estos comparten la necesidad de políticas públicas en materia de vivienda y desarrollo urbano, que además de atender la construcción también deben atender aspectos sociales y de salud.

Adquirir una vivienda en Centroamérica se ha convertido en el sueño imposible, en el que los precios de los apartamentos son valorados en cientos de miles de dólares, mientras que la mayoría de la población centroamericana vive en hacinamiento, es decir, tres o más personas por dormitorio y uno de cada cuatro hogares vive en pobreza.

Y lo que normalmente suele ser una contribución a la economía doméstica aliviada por el efecto de las remesas, viene a complicar la situación de la vivienda pues los ciudadanos centroamericanos que viven y trabajan en economías desarrolladas, sea en Estados Unidos, sea en Europa, están dispuestos a comprar una propiedad en su respectivo país, sin mediar tanto en el precio, a modo de una inversión para su futuro regreso. El efecto remesa tiene un impacto directo en el aumento del precio de la vivienda: se construyen más viviendas, pero de un precio mucho más elevado.

Entre las razones que podrían explicar un déficit de vivienda en Centroamérica está la precariedad de los presupuestos públicos centroamericanos que limita la capacidad de los gobiernos para desarrollar la infraestructura. Asimismo, la precariedad de la población misma excluye a una gran parte de los hogares de los esquemas tradicionales de financiamiento para construcción y mantenimiento y finalmente, un débil desempeño institucional o marco regulatorio que inhibe la inversión privada en vivienda.

Los servicios públicos también muestran grandes deficiencias por la baja inversión pública y la débil coordinación de los gobiernos. En 2015 alrededor de un 30% de hogares en Guatemala carecían de una conexión adecuada de aguas servidas, cifra que se eleva alrededor del 50 %en zonas rurales. Aunque en países como El Salvador, Nicaragua y Honduras estos números no son tan alarmantes, sí existe un porcentaje importante, de alrededor del 25% sin este servicio, lo que incide directamente en la salud de los habitantes y su calidad de vida.

Y lo mas grave de todo es que el sistema de vivienda formal de la región no da muestras de cerrar la brecha de oferta y demanda en el tiempo, en cantidad y calidad. Debido a que el mercado no funciona para los segmentos más pobres, es de esperar que los déficits persistan y la única forma de reducirlos es a través de una política efectiva del sector público y privado.

Una realidad que se ve reflejada en la proliferación de colonias populares, masificadas, desconectadas del resto de servicios públicos que ofrece la ciudad, con equipamiento urbano muy limitado y prácticamente carente de espacios públicos de recreación, acentuando aun más la precariedad y las altas condiciones de alta vulnerabilidad socioeconómica y ambiental.

Pero si alguien ha sabido captar la esencia de vivir en este tipo de asentamientos, es definitivamente el periodista y escritor guatemalteco Arnoldo Gálvez Suárez, en su obra Los jueces. En esta, el autor desarrolla una cruda trama narrativa cuyo escenario literario de ficción se enmarca en un asentamiento urbano en ciudad de Guatemala pero que podría ser de cualquier urbe centroamericana.

Con su novela Los jueces, Arnoldo Gálvez Suárez nos muestra, sin tapujos, escenas y situaciones que rezuman tristeza, crudeza y violencia, llegando a extremos de intensa brutalidad. La trama se articula en tres líneas narrativas en las que giran la vida de los personajes que conviven en una colonia urbana en Ciudad de Guatemala.

De un lado, tenemos el relato de la Señora Vendedora de Huevos, una madre soltera que se gana la vida precisamente vendiendo y distribuyendo huevos a restaurantes y tiendas. De otro, el relato de la Muchacha, una joven de diecisiete años que trabaja de edecán para mantener a su padre, un viudo, desempleado y gandul. Y de otro, el del del Señor de las Serpientes, un nuevo vecino de la Colonia con deseos de formar parte del círculo principal o del comité, pero que es rechazado por su excentricidad.

Y el eje común de todos los relatos es el escenario compartido de la «Colonia», un asentamiento que se originó en los alrededores urbanos a consecuencia del terremoto – asumimos que fue el terremoto que asoló Guatemala en 1976–, y en el cual se formaron inicialmente dos secciones: la «A» y la «B», donde la primera al encontrarse a orillas de la carretera tuvo un mejor desarrollo y con el tiempo las mejores casas se fueron ubicando allí. El asentamiento creció por las migraciones y se formó posteriormente una tercera sección, la «C», que ubicó a sus pobladores en condiciones más hostiles, quienes construyeron sus casas a orillas de barrancos y en algunos casos en la verticalidad de la propia ladera. 

Visto desde otra óptica, el sector «A» representa a la clase alta; el «B», la media; y, el «C», la clase baja o popular. Naturalmente en el sector «C» viven muchas más familias que duplican en número a la de los primeros dos sectores, son personas pobres cuyas viviendas están en situación de peligro y riesgo constante de derrumbe o deslave, su desarrollo es más bien rural y también están más afectados por la violencia.

El Comité de Vecinos lo integran únicamente personas de los sectores «A» y «B», donde el presidente pertenece al «A» y aparentemente es un militar retirado que se expresa con prepotencia y autoritarismo y constantemente denigra a los pobladores del sector «C» acusándolos de ser la fuente de todos los problemas de la Colonia. De hecho, en algún momento del desarrollo narrativo, el presidente del Comité de Vecinos expresa la idea de cómo desaparecer el sector más conflictivo de la colonia.

Si el presidente del comité de vecinos se presume que vive en el sector A, la Señora Vendedora de Huevos y la Muchacha pertenecen al Sector «B» y que tienen por común denominador la disfuncionalidad familiar y el esfuerzo por el trabajo honesto y honrado. Con la Muchacha es interesante su situación, que una vez saliendo de la Colonia, su trabajo de edecán la clasifica como una chica tipo «C», tal y como podemos apreciar cuando busca trabajo en una agencia de publicidad.

Cada capítulo se concentra en una línea narrativa, excepto los últimos en donde todas las piezas confluyen y encajan de forma magistral, cerrando el extraño círculo abierto en el primer capítulo. La narración no sigue una secuencia lineal y durante casi toda la obra, cada capítulo se percibe de forma independiente, aunque solo en apariencia porque cada uno deja un cabo suelto. Esta forma discontinua de la obra provoca que cada linea argumental tome fuerza, haciendo que el desenlace de la obra tenga una mayor carga simbólica, especialmente durante el proceso de consulta comunitaria y la decisión que adoptan tras los incidentes acaecidos y que afecta a una de las protagonistas.

En palabras del periodista guatemalteco Julio Prado, Los jueces es una de las novelas más importantes en la historia reciente de Guatemala. Provista de un lenguaje robusto, la novela va llevándonos por vericuetos a veces éticos, a veces legales, a veces morales y siempre poéticos. En Los jueces, lo que está siendo valorado claramente es el derecho que creemos tener de quitarle la vida a alguien.

La edición publicada por F&G editores presenta el texto acuerpado por una portada que desde el inicio nos hace suponer el trasfondo simbólico del título de la obra, Los jueces. En ella se puede ver, en medio de una arboleda, a tres personas cargando un cuerpo, presuntamente inerte, pues una de ella lo sujeta por los pies, otra por la cabeza y una tercera por su cintura. Esta escena es alumbrada por un cielo estrellado y una inmensa luna llena, en cuya textura se puede apreciar algunos edificios destruidos y humeantes, tal vez el recuerdo del terremoto que dio vida a La Colonia, lugar donde se desarrolla la historia.

La portada está realizada por el artista Sebastián Sarti, de la serie “La violencia de las horas”, y está realizada en tinta china y acuarela. De hecho, este artista hace de la “La tinta china su principal herramienta de trabajo, aunque de igual forma experimenta con otros materiales y tecnicas como el aerosol, la serigrafía y el grabado. Los temas Violencia, la falta de oportunidades, la migración, la represeión, el narcotráfico y otros problemas sociales de la región centroamericana articulan la obra de este artista. Sebastián Sarti Canals se formó como periodista en la Ciudad de Guatemala, antes de dedicarse por completo al dibujo. Ilustrador autodidacta, siempre está dotado de buenos reflejos mediáticos y observa la sociedad a través del prisma de la actualidad.

Con una narrativa fluida y sin hartificios, Arnoldo desnuda brutalmente la realidad de muchos guatemaltecos y nos provoca necesarias reflexiones de los muchos países contenidos en este territorio. Realidades tan distintas y tan trágicas que para algunos son ajenas y para otros tan cercanas. Realidades que fácilmente se pueden extrapolar a cualquier país de América Latina o incluso del mundo.

La novela Los jueces muestra el trasfondo de una sociedad víctima de traumas derivados no sólo de la violencia sino también del silencio y del olvido. En palabras del autor, “Somos habitantes de la intersección en donde se encuentran las avenidas de lo individual y lo colectivo, y nuestras vidas están formadas también por las historias que nos cuentan los demás, por las anécdotas oídas al pasar, y con las cuales nos golpea el mundo exterior.

Los jueces es una novela que puede entenderse como una metáfora nada sutil de la conflictividad de la sociedad guatemalteca, y por extensión, la centroamericana, desde la perspectiva del escritor. Cada elemento y cada personaje representa un contexto mucho más amplio de la realidad. Ejemplo de ello es la relajada actitud de los policías ante un caso de violación, dejando a la comunidad la potestad de actuar contra el violador; una velada crítica del autor al laxo, débil e ineficaz sistema de seguridad y justicia de Guatemala.

Ningún personaje tiene un nombre propio, sino un título identificador producto de alguna característica, puesto o profesión, lo que significa que cualquiera podría ocupar el lugar del personaje. Lo mismo pasa con los lugares, podrían ser cualquiera. Existe un énfasis en las diferencias de clase en la que encontramos no solo discriminación, también marginación y segregación.

El climax de la novela gira en torno a cómo los líderes de una comunidad se toman la justicia por su mano ante un delito de violación y las acciones que estos realizan para aplicar lo que ellos consideran justo. La violencia de nuestra sociedad tiene consecuencias concretas en la manera de impartir la justicia, pues muchas veces se trata más en una búsqueda de venganza que de analizar la mejor manera de poder castigar el agravio, el crimen o incluso de poder solucionar los conflictos.

Y Arnoldo, con la novela Los jueces, disecciona la condición humana, los conflictos morales y emocionales que hacen que todos y cada uno de nosotros podamos convertirnos en verdugos de pecados que muy seguramente pudieron ser nuestros.

Arnoldo Gálvez Suárez escribió Los jueces y F&G editores la publicó en 2020.

Este escritor y periodista guatemalteco nació en 1982. De su producción bibliográfica mencionaremos los títulos La Palabra Cementerio, el libro de relatos El Tercer Perfil y Ni hermosa ni maldita, literatura guatemalteca actual. Su cuento Funeral formó parte de la antología Nuevas Rutas: Jóvenes escritores latinoamericanos. Su novela Los Jueces fue ganadora del XI Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo, y uno de cuyos fragmentos aparece en las antologías El futuro empezó ayer: Apuesta por las nuevas escrituras de Guatemala. Su novela Puente adentro obtuvo el Premio BAM Letras en 2015. Es un asiduo colaborador en medios digitales como Plaza Pública, Nómada y Words Without Borders.

En 2023, fue coguionista, junto a Sebastián Sarti, de Fidelidad, el segundo largometraje del cineasta César Díaz. También ha escrito y producido un corto metraje, que merece toda la atención por su formato de multi-entrevista, llamado: "Cuando despertemos" y representa la visión de dos jóvenes guatemaltecos de la realidad guatemalteca, a partir de la firma de los Acuerdos de Paz.

Fuentes consultadas:

  • Gálvez Suárez, Arnoldo. Los jueces. Guatemala: F&G editores, 2020.  ISBN:978-9929-700-69-7.

  • Cazali, Rosina (2017). Un puente para comprender el trauma, el escritor Arnoldo Gálvez Suárez. En: Nómada (20 de octubre). Recuperado de: enlace

  • Gálvez Suárez, Arnoldo (2014). A Carranza no entran taxis (y no es el infierno). En: Nómada (20 de octubre). Recuperado de: enlace

  • García, Ronaldo (2014). Biografía de Arnoldo Gálvez Suárez. En DeGuate (15 de mayo). Recuperado de: enlace

  • Los jueces de Arnoldo Gálvez Suárez (2020). En Aforismos y letras (13 de octubre). Recuperado de: enlace.

  • Fernández, Susan (2018). 7,5 millones de personas viven en hogares informales en Centroamérica. En INCAE (19 de junio). Recuperado de: enlace

  • Salvatierra, Hugo (2020). Vivienda, el motor de la recuperación económica de Centroamérica. En Forbes Centroamérica (7 de diciembre). Recuperado de: enlace

  • Vivienda en Centroamérica (2018). En Incae CLADS. Recuperado de: enlace

  • Siete de cada 10 personas en Centroamérica vivirán en áreas urbanas para 2050 (2016). En El espectador (9 de junio). Recuperado de: enlace

  • Sanahuja, Haris. Triveno, Luis (2019). Tres lecciones para fortalecer la resiliencia urbana en Centroamérica. En Banco Mundial Blogs (2 de diciembre). Recuperad de: enlace

  • Díaz, César(2020).   Los Jueces, los motivos de César Díaz para adaptar esta novela al cine.. En Agencia Ocote (27 de noviembre). Recuperado de: enlace

  • Mejía, Selene (2014). Si visitas Marsella no puedes faltar a esta exposición guatemalteca. En Banco Mundial Blogs (13 de mayo). Recuperado de: enlace

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