Los árboles hablan, tienen un lenguaje propio. Según la científica forestal canadiense Suzanne Simard, los bosques constituyen diversas especies de plantas y todas actúan como un solo organismo. Sus raíces funcionan como un sistema de redes donde mensajes y nutrientes, sobre todo carbono, son transferidos de especie a especie. Esto significa que, cuando una especie necesita ayuda por cualquier dada circunstancia, envía mensajes a través de esta red subterránea y las otras especies recurren a su ayuda, enviando nutrientes. La científica opina que los bosques son parecidos a las familias. La mayoría de padres favorecen a sus hijos antes que otros, y los árboles hacen lo mismo. Reconocen los miembros de su especie y les ofrecen una mayor red y cantidad de nutrientes. A veces, incluso reducen su propia red para darles más espacio. Cuando los «árboles madre» enferman, envían mensajes de sabiduría a sus “hijos”: no sólo carbono, sino señales de defensa para que puedan ser más resistentes en futuras ocasiones.
Los árboles se estresan. Los árboles son seres vivos que están anclados a un mismo lugar, en el que pasan decenas, cientos e incluso miles de años. Por eso, sus estrategias para lidiar con situaciones estresantes, como una sequía, una ola de calor o una plaga, son muy diferentes a las de los animales. La supervivencia animal radica en gran medida en la experiencia, que nos permite una mejor evaluación, anticipación y respuesta ante un riesgo. Y si bien es cierto que las plantas no tienen la capacidad de desplazarse ni tampoco tienen una memoria compleja basada en un sistema nervioso como el de los animales, estas sí cuentan con sistemas más simples a nivel celular, que desencadenan estrategias diferentes a las que poseen los animales.
En el caso de los bosques centroamericanos, la región ha experimentado diversos cambios, principalmente en el incremento de su población y con ello, un incremento en urbanizaciones, expansión agrícola y mayor demanda de recursos naturales, lo que también ha dado paso a la pérdida, degradación y fragmentación de hábitats, sobreexplotación de recursos naturales, contaminación y degradación ambiental. Centroamérica representa apenas el 1% de la extensión territorial del mundo, sin embargo, es hogar del 8% de la biodiversidad mundial y posee alrededor del 12% de las costas de Latinoamérica y el Caribe. La biodiversidad comprende importantes bienes y servicios que son vitales para las economías locales y nacionales, y desde un punto de multifuncionalidad, los ecosistemas juegan un rol importante en la regulación hídrica, control de erosión y sedimentación de embalses y filtrado de contaminantes.
Según la Asociación Centroamericana Centro Humboldt, haciendo uso de los avances tecnológicos combinados con el análisis de imágenes satelitales, técnicas de teledetección y sistemas de información geográfica, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica conservan casi el 30% de la región con bosque, pero más del 50% de los suelos está dominado por zonas de desarrollo agropecuario (pastos para ganadería y zonas de cultivos agroindustriales). La región centroamericana está viviendo una acelerada expansión de la agricultura y la ganadería, destinadas principalmente a la exportación, lo que incrementa la presión sobre los pocos remanentes de bosques que quedan en la región; del porcentaje total de áreas destinadas a la producción agropecuaria, sólo el 12% es destinado a cultivos anuales y de subsistencia, importantes para la seguridad alimentaria mientras que el resto es destinado a categoría de pastizales y zonas ganaderas y a cultivos agroindustriales.
Ante las actuales amenazas, y en consonancia a los pensamientos de la investigadora canadiense, es necesario reconocer que las selvas, bosques y sus poblaciones animales y vegetales son entidades complejas y valiosas en sí mismas, con vida propia. Estos no son meramente colecciones de árboles, sino un sistema complejo de redes subterráneas que conectan especies y les permite comunicarse entre ellas. Los bosques son fuertes gracias a ello, pero a su vez, son vulnerables. Para la mayoría de botánicos entrar en un bosque significa adentrarse en las entrañas de un gigantesco organismo vivo, formado por árboles que comparten espacio, nutrientes y agua y además, con la capacidad de comunicarse unos con otros.
Y desde centroamérica entre líneas, proponemos la lectura de un poemario de uno de los escritores de más alcance en la literatura contemporánea de Guatemala, como la mejor manera de entender la vitalidad callada de los bosques y comprender la interacción resiliente de los árboles. Unos poemas cuyas raíces, invisibles, se aferran unos con otros, alimentando el sustrato vital que supone la obra Cuerpos árboles del escritor guatemalteco Adolfo Méndez Vides.
En palabras de la editora guatemalteca Paola Méndez-Moreno, en el poemario Cuerpos árboles se recrea la memoria que la naturaleza nos guarda, pues estos cuerpos árboles se reconocen entre sí y nos reconocemos mutuamente.
Méndez Vides abre su poemario, recitando:
Hay cuerpos que vuelan, nadan,
caminan, se disfrazan y mueven,
otros con raíces se atan a la tierra como árboles:
cuerpos árboles que sueñan
con volar, nadar, caminar, disfrazarse y ser móviles
pero despiertos siguen encadenados,
escuchando las campanadas, la lluvia y los motores.
Cuerpos destinados a mirar sombras
reflejadas en los muros de la caverna.
El poemario de Méndez Vides hunde sus raíces, en forma de verso, para alimentarse del sustrato de las vivencias y la cotidianeidad; 39 poemas íntimos e intimistas que, como las raíces de un bosque, funcionan como un sistema de redes donde mensajes y nutrientes son transferidos de especie a especie; en el caso de este poemario, el sustrato vital, versos con cuerpo de árbol y raíz, fluyen del poeta al lector y de sus lectores al resto de las personas que nos rodean. Así lo exclama el autor en su poema Manchas:
Tirado en el suelo como una mancha
A veces tengo pesadillas
Camino dormido gritando
Es la voz seca de la poesía.
Cementerio, Banquete, El juicio final, Ars poética, Lluvia fuerte, Santo refugio, La lentitud, Plato de Vallejo, El pensativo, Bucólica, La ruina que somos, Sello de garantía y Hora de partir son algunas de esas 39 raíces poéticas que sostienen Cuerpos árboles.
La profunda penetración psicológica es una constante en la obra de Méndez Vides y en este poemario, alcanza un nivel casi asfixiante. El propio autor menciona que cuando va a contar una historia, tiende a enfocarse en la conducta de los personajes, en lo que los conmueve, en lo que experimentan. La acción transcurre mientras intenta dibujar lo que sienten. Y con estos poemas, Méndez Vides ahonda en nuestras más intimas emociones de lector, y pincela el mundo que nos ha tocado vivir con sus poemas, como si la vida fuese un lienzo en blanco que solo aspira a abrazar pinceladas de color ocre, añil o en escala de grises. Tal y como expresa en su poema, Café amargo:
A veces el mundo es apenas una triste esfera sólida
donde hace falta un capricho y una carretera.
O cómo declama en Flores de plástico, otro de sus poemas-raíces:
Angustian las flores artificiales por su poder amoroso
de cuerpos que presumen su eternidad ante mortales,
y se ahogan de luz en las tardes porque no están vivas.
El poemario, Cuerpos árboles de Méndez Vides recrea con sus versos la cotidianidad en la que se deambula por ciudades extrañas o calles desgastadas por nuestro paso, en donde encontramos cuerpos árboles con su anatomía expuesta para ser diseccionados entre versos o para sostener al caminante que se recuesta afuera de un café, cuya perplejidad ambiciona la interacción que la soledad exige. Aunque el color de esta cotidianeidad se percibe de diferente manera en la realidad vital de Centroamérica, en el caso de este poeta, originario de la ciudad de Antigua Guatemala, seguramente esta está marcada por los atardeceres y amaneceres de esta apacible ciudad.
Para los que hemos tenido la oportunidad de pasear durante los minutos previos al amanecer por La Antigua Guatemala, ciudad de alma indígena y corazón colonial, es sentirse dentro de un cuadro de cualquier pintor impresionista; de aquellos que captaban la fugacidad del tiempo con sencillas pinceladas y un uso magistral y único del color. Los débiles primerizos rayos de sol desvelan de su refugio nocturno las ruinas de iglesias y edificios civiles que paulatinamente se van convirtiendo en imponentes construcciones. Mientras las farolas se apagan paulatinamente, los empedrados de las calles comienzan a brillar conforme el sol zigzaguea entre nubes adormecidas y volcanes somnolientos. Y en estos instantes pareciera que la ciudad, aun callada, nos pertenece, pero en realidad, es la ciudad la que nos engulle como un elemento más de su arquitectura.
Tal vez por eso, la lectura del poemario de Cuerpos árboles tiene el gusto a obra de arte impresionista. Sus poemas perfilan escenarios cotidianos cuyos versos son auténticas pinceladas de colores puros, sugiriendo formas y distancias con cambios de color y tono. Los poemas de Cuerpos árboles capturan las cambiantes impresiones visuales según el momento, tal y como se puede apreciar en la composición, Poema de amor:
Su voz cada mañana me aferra a los viajes que nos faltan
y al último que nos tocará avanzando en la desmemoria.
Una vida juntos no basta para recorrer todo el mundo.
Méndez Vides, en su poema Manchas, declara:
Escribo poemas de prisa en salas de espera
El autor afirma que su necesidad de escribir le viene desde niño, desde antes de aprender a leer y escribir, porque los libros de la biblioteca familiar le atraían inmensamente. El afirma ser lector, fundamentalmente, lo de autor llegó más tarde, quizá por contaminación, de tanto experimentar, quiso hacer lo propio. Para Méndez Vides, Guatemala es un país de creadores desterrados. Este escritor afirma que muchos autores optaron por el exilio voluntariamente o forzados, los de hoy y los que les preceden; y aún viviendo aquí se sienten expulsados. Hay un desarraigo aparente, sin embargo, nos aferramos a la tierra. El poeta asevera que lo verdaderamente relevante es que la sociedad entera gira alrededor de la migración. No hay familia en Guatemala, y por extensión, en toda Centroamérica, que no tenga a alguno de los suyos trabajando en otra parte del mundo. Guatemala es país de remesas, que se pagan con desarraigo, separación y abandono.
En su poema Soledades, el poeta declama:
Comer a solas, sentado frente al plato en la mesa,
es tan doloroso como acudir al cine una tarde de martes.
Adolfo Méndez Vides ve poesía donde el resto de los mortales vemos cotidianeidad.
El poeta saca provecho de unas manchas, un café amargo, un viaje, un parque, un traje negro o flores de plástico, hilvanando versos y silencios con palabras que fluyen sin freno desde la voz de un narrador excesivo y sin límites.
Con el poemario Cuerpos árboles sentiremos soledad, desarraigo, tristeza, amor y su gemela inseparable, decepción, despedidas y tristeza. A pesar de las raíces que nos aferran a la tierra, partimos en un viaje sin retorno ni destino concreto,
sin espalda para no tener un mapa dirigido o señas
y sin pensamientos para no caer preso en las metas.
… sin boleto de regreso
ni de ida,
como escribe en su poema El Gran viaje.
Y esa es la gran amable contradicción que Méndez Vides intenta alertarnos;
a pesar de complicarse la vida tratando de entender razones
escribiendo poemas que son retazos de navegación
y
de desear viajar
en barcos de mástil y velas infladas
hacia una ciudad mágica con poder,
sus poemas son esas raíces que nos atan a la tierra y tal vez nos nutren para hacernos resilientes, para convertirnos en Cuerpos árboles, que sueñan con volar, nadar, caminar, disfrazarse y ser móviles pero despiertos y encadenados. Cuerpos destinados a mirar sombras reflejadas en los muros de la caverna.
Adolfo Méndez Vides escribió Cuerpos árboles y Editorial Cultura la publicó en 2022, Bajo su colección Poesía, serie Rafael Landívar.
Adolfo Méndez Vides nació en 1956. Es poeta, dramaturgo, escritor, investigador, docente y columnista de cultura y opinión guatemalteco. Siendo un autor precoz y autodidacta, publicó cuentos y poesía inspirado en el paisaje y la realidad que lo impactaba. Realizó estudios de Letras y Filosofía, y trabajó en docencia e investigación universitaria hasta el año de 1981. Adolfo Méndez Vides es un todo terreno de la creación literaria. De su prolífica producción, mencionaremos sus libros de poemas, Fiesta, Tratado de la desesperación, Recuento de batallas, Babel o las batallas, Últimas rutinas y El libro de los deseos. Adolfo Méndez incursionó en el teatro como autor y director de Sic y Horas amargas pensando en el Yangtsé. Es también narrador, autor de cuentos y novelista, destacando sus títulos Escritores famosos y otros desgraciados, El paraíso perdido, Las catacumbas, Mujeres tristes, Las murallas, El leproso, La lluvia, los cuentos de El tercer patio, El Sonora y otras vidas, Luca el vendedor, así como del ensayo biográfico Arzú y el tiempo se me fue.
Algunos de los premios y galardones recibidos, mencionaremos el Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua en 1987, el Premio Mario Monteforte Toledo en 1997 y la Orden Rafael Landívar, la máxima condecoración de la ciudad de Antigua Guatemala que le concedió en 2001.
Fuentes consultadas:
Méndez Vides, Adolfo. Cuerpos árboles. Guatemala: Editorial Cultura, 2022. ISBN: 978-9929-774-62-9.
Adolfo Méndez Vides (2021). En: Festival Internacional de Poesía de Medellín (17 de noviembre). Recuperado de: enlace
Otorgan premios del Certamen Permanente Centroamericano 15 de septiembre (2021). En: Agencia Guatemalteca de Noticas (3 de marzo). Recuperado de: enlace
Mazariegos, Adolfo (2017). Una charla con el novelista guatemalteco Méndez Vides. En: Lahora.gt (8 de septiembre). Recuperado de: enlace
Adolfo Méndez-Vides recibió reconocimiento al Autor Nacional (2017). En: Universidad Francisco Marroquín (23 de septiembre). Recuperado de: enlace
Entrevista al escritor Méndez Vides (2019). En: Letras en directo (13 de julio). Recuperado de: enlace
Samaniego, Juan F. (2023). Los árboles tienen memoria climática. En: Climática (3 de febrero). Recuperado de: enlace
Árboles nacionales de Centroamérica (2017). En: El tacuazín (24 de septiembre). Recuperado de: enlace
Pellicer Roig, Daniel (2024). ¿Los árboles se comunican entre sí? No es tan fácil como parece. En: National Geographic (28 de junio). Recuperado de: enlace
Simard, Suzanne (2018). Los árboles hablan: charla Ted. En: Ganadería regenerativa (16 de enero). Recuperado de:enlace
Centroamérica sigue perdiendo sus bosques (2024). En: Asociación Centroamericana Centro Humboldt,ACCH (15 de mayo). Recuperado de: enlace
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