Entender nuestro pasado y conocer la evolución de las diferentes civilizaciones que han habitado nuestro planeta, nos permite valorar diversos aspectos, similitudes y diferencias de nuestra identidad como seres humanos y para ello la arqueología desempeña un papel fundamental. Los arqueólogos bucean pacientemente en cada capa de tiempo, para interpretar la vida de nuestros antepasados mostrándonos nuestros orígenes y de esa forma, revelar nuestra esencia como sociedad. Algunas fuentes mencionan que el origen de la arqueología nació de la curiosidad entre adinerados terratenientes europeos y viajeros, con gusto por el arte clásico, por encontrar más obras de los romanos y los griegos para después presumir esas reliquias. De hecho, se plantea el descubrimiento fortuito de vestigios romanos enterrados bajo las cenizas de la ciudad de Herculano en Italia, a principios del siglo XVIII, como el hecho que asienta las bases del nacimiento de la arqueología.
Y en el caso de Centroamérica, el legado histórico-cultural de las poblaciones de la época prehispánica, especialmente la maya, marca el camino del desarrollo de la arqueología en la región. Mientras Europa languidecía en la Edad Media, los mayas desarrollaban sofisticados conceptos matemáticos y astronómicos, escribían libros y abrían rutas comerciales a través de gran parte de Mesoamérica. Un logro singular de la civilización maya es la matemática, que utilizó el concepto del cero desde su inicio, cosa que en Europa no llegó sino hasta el fin del primer milenio de la era común. Con ello se pudo llevar cuentas aritméticas de gran complejidad y cálculos astronómicos extremadamente correctos. Sin embargo, para muchos estudiosos e investigadores, aún más relevante, es la escritura maya. Sus signos llamados glifos se dividían en logogramas, es decir palabras completas y por otra parte en sonidos que constituían sílabas. De esta manera el sistema logo silábico era capaz de transmitir pensamientos completos con todos los elementos que constituyen la escritura.
La arqueología histórica y la arqueología antropológica han permitido el desciframiento de la escritura jeroglífica lo que ha ayudado a reconstruir las vidas y obras de los gobernantes antiguos, cargos y funciones de personajes importantes de las cortes mayas, rituales y ceremonias realizados. Y si bien es cierto que sigue sin ser descifrada en su totalidad, fueron los textos escritos en piedra y los códices, los guardianes de sus conocimientos y descubrimientos universales.
La fría razón de la cultura hegemónica implantada en América y el exagerado fanatismo religioso de los primeros misioneros cristianos que acompañaron el proceso de invasión, han favorecido por más de quinientos años que los autos de fe científica y religiosa hayan convertido en cenizas los abundantes tesoros intelectuales de la cultura maya. A los códices de toda Mesoamérica se les aplicó los mismos métodos que se utilizaron en la España de la Reconquista con los libros judíos y árabes: el fuego que todo lo borra.
Los llamados códices pre-cortesianos, de procedencia indígena, especialmente maya, se fabricaban con tiras de piel de ciervo o con papel amat o amate, cuya superficie se pintaba de blanco para salvar el color oscuro del papel de pita y, a continuación, se escribía con pincel. Su formato difiere notablemente al de los códices del Viejo Mundo, ya que, en lugar de formarse con cuadernos doblados y cosidos entre sí, las hojas de papel amatl se plegaban en forma de acordeón o, como decían los cronistas de la época, al modo de los pendones de Castilla. Tras la llegada de los españoles se empezaron a confeccionar los códices conocidos como post-cortesianos, principalmente mexicas, bajo la forma del códice europeo. Estos libros estaban hechos con papel europeo importado, distribuido en cuadernos plegados, cosidos entre sí y encuadernados, que fueron copiados por manos indígenas en lenguas y escrituras castellana e indígenas, o solo en lengua y escritura indígena.
Decía el arqueólogo griego Spyridon Marinatos, refiriéndose a la arqueología, que excavar es abrir un libro escrito en el lenguaje que los siglos han hablado dentro de la tierra. Una aserción que en Centroamérica entre líneas nos inspira para sumergirnos en una poética atemporal que reinventa el presente y cuyas palabras y versos fracturan el tiempo, los elementos y el espacio para hacernos resistentes; un poemario que tiende un puente entre los que nos aferramos a las vivencias del ayer para sobrellevar el agitado ahora y quienes no nacen aún, pero que asumirán la responsabilidad de la palabra en este territorio que habitamos.
Hoy en Centroamérica entre líneas, transitaremos por la obra Códex, del escritor-arqueólogo-poeta guatemalteco Luis Méndez Salinas.
(Pausa)
Este es un relato del principio, cuando todo era quietud, silencio, y agua. No había luz, tierra, plantas, seres humanos, ni animales.
Así inicia el mito de la creación de los mayas.
cuando la soledad
no enfriaba todavía
y era el mundo un mar
de llamas negras y silencio
Y así Luis Méndez Salinas da inicio a su poemario Códex.
Y es que este poemario podría ser una reinterpretación íntima y personal que hace el poeta Luis de los tiempos míticos de la creación. Pero también podría tratarse de un mapa vital que, en forma de poemas, nos ofrece la génesis de su transitar literario, pues este poemario es el segundo de su producción literaria y uno de los primeros publicados por Catafixia editorial, una de sus iniciativas literarias. O pudiese tratarse de la transmutación de la figura de arqueólogo a su faceta de poeta y escritor. Porque el poeta Luis Méndez estudió arqueología ya que le atraía el pasado. Sin embargo, como le apasiona el futuro, se sumerge en la escritura como ejercicio de libertad. En cualquier caso, Códex es un trayecto vital desde la oscuridad hacia la luz que se articula con múltiples elementos como la noche, el pasado, el cielo, la lluvia, el mar o el silencio.
El poeta Luis Méndez, en un ejercicio de innovación metapoética, construye su poemario titulando nueve de los poemas con versos de otros poetas.
El primer poema …antes, antes, muy antes abraza su título del poeta, ensayista y editor mexicano Alí Chumacero. Para el poeta Luis somos mestizaje, culturas mutantes e hibridaciones. Creemos en los mitos porque viven en nuestra voz y en nuestra carne. Y en este primer poema, el poeta declama:
antes,
muy antes:
en las semillas de la voz,
en su premonición y su destino,
en su ausencia aún,
oculta y transparente
la palabra
El poeta chileno Vicente Vuidobro inspira el título del poema Se oyen caer lágrimas del cielo. En este, Luis Salinas pone límites al infinito del cielo, que se deshace en forma de lluvia. El poeta declama:
Se oye el llorar de un cielo
que se inflama
y cae,
se oye una sombra
que en la noche se desborda
y cae
El tercer poema Sólo estaba el mar en todas partes llega del abrazo del poeta y escultor nicaragüense Ernesto Cardenal. Aquí el poeta Luis trasciende a los tiempos en los que todo era agua, tal y como detalla en los versos:
no existe tierra todavía,
sino agua reposando y cielo negro.
El escritor, poeta y ensayista español, naturalizado mexicano Tomás Segovia, da título al cuarto poema Lentas y solemnes surgen formas. El agua, el cielo y los océanos continúan dando forma a la génesis del mundo, el mundo de Luis Méndez. El poeta escribe:
El descenso es aguacero
que fecunda y forma al
mundo, mojándolo
de voz
El poema quinto poema, noche, la tierra es de cielo toma su título del poeta y ensayista guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. La creación del poeta Luis genera vida, y junto al agua, emergen nuevos elementos como el viento, las montañas, la noche surge. El poeta Luis escribe:
está rasgándose el espacio
y de su herida surge un ojo
que pregunta, que se mira
y que se palpa, mientras lame
con ternura su tristeza
y su temblor
No soy el mar, no soy el cielo es el sexto poema de Códex que se inspira en la obra del poeta español Vicente Aleixandre. En este, el poeta manifiesta su presencia en ese mundo de elementos que da vida Códex. Luis declama:
Estoy quemando
mi memoria, estoy en llamas,
estoy soñándome en los ojos
que me invento, soy la noche;
El poeta, dramaturgo y político mexicano Manuel José Othón abraza el séptimo poema Flota impalpable y misteriosa bruma. El mundo de Luis Méndez sigue en constante formación y aparecen nuevos elementos vitales, entre la tierra y la oscuridad del cielo. El poeta escribe:
está la bruma y lentamente se dispersa,
están los cuerpos y las flores
cobijándose en los pliegues del silencio,
está la vida y la quietud que espera,
pero aún no existen luces:
es la noche
presintiendo su caída,
El escritor, filósofo y académico mexicano Alfonso Reyes da título al octavo poema Hiere la luz, pero no alumbra. Su mundo poético, dominado por la noche y la absoluta oscuridad del cielo, también es hacedor de luz; una luz que hace añicos la noche. Luis exclama:
El sol es una ampolla
que revienta, que se alza
y mancha al mundo: todo es rojo,
naranja, todo es blanco,
sobre todo blanco,
los paisajes se iluminan.
El poeta y crítico literario español, Luis Cernuda, abraza el noveno poema Flores de luz tranquila despiertan a lo lejos. En este estrato poético, el mundo llega a un punto de inflexión. De los primigenios océanos, cielos que lloran torrencialmente y la oscuridad, la luz lo ilumina todo. El poema escribe:
es el sol, su incendio y su capullo
de miradas amarillas, es la luz.
el blanco y el celeste que se fincan en el cielo
y lo iluminan.
El poemario concluye con una composición sin título. El poeta escribe:
amanece. un punto de claridad en el horizonte prende en llamas elevándose, sereno y solo. esa luz, ese calor que nace y se alimenta de los astros, borra con sus manos -de crujido y llagas- tu memoria.
Soy del tamaño de lo que veo
El poemario Códex del poeta Luis Méndez Salinas nos recibe con estas palabras de
Alberto Caeiro, uno de los más famosos heterónimos o escritores ficticios creados por Fernando Pessoa, poeta, escritor, crítico literario, dramaturgo, ensayista, traductor, editor y filósofo portugués, descrito como una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los grandes poetas en lengua portuguesa. Y es que el Poemario Códex no solo se lee por los 10 poemas de Luis Méndez sino también por la fuerza simbólica de su dedicatoria, de los títulos apadrinados de otros poetas y por su imagen gráfica.
El poeta, pintor y publicista Alejandro Marré, responsable de la cubierta de Códex, patentiza el intenso imaginario del poeta Luis. Un puño que fuertemente aferra con sus dedos tierra negra. En la contracubierta, la mano aparece abierta, en actitud relajada, casi inerte, con una punta de silex o pedernal asentado sobre tierra. Gotas de color corintio rodean la imagen en forma de guirnalda. Esta composición se presta para una intensa variedad de interpretaciones, dependiendo del prisma de vivencias se mire. Una visión contemporánea del origen de nuestros tiempos, un guiño a la faceta arqueológica del poeta, pero también a un homenaje de aquellas desapariciones forzadas y asesinatos cometidos durante los más de treinta años de guerra civil de Guatemala y de cuyas heridas sigue supurando dolor e injusticias.
Alejandro Marré pertenece a una generación de artistas que transformaron la escena guatemalteca inmediatamente después de una devastadora Guerra Civil que duró más de 36 años. Una obra seminal de Marré es una actuación que tuvo lugar en el año 2000 durante el festival Octubre Azul en la que el artista se casó con una vaca como su alter ego Doctor Virus, un personaje que asumió que expuso el machismo, la masculinidad tóxica y la desigualdad de género en la institución del matrimonio. Otras obras del artista también toman su señal de la tradición, mal usándola como un medio para abordar temas complejos. Ha sido partícipe de antologías de poesía y cuento, como “Auto-homicidio semántico” y la antología de relatos breves “Sin Casaca”. Su colaboración ha llegado a diarios y revistas de arte y cultura en Centroamérica, también en partes de Norteamérica. De manera similar, trabaja como colaborador en la sección gráfica de la Editorial Cataxifia.
Para el autor de este poemario, Guatemala es un país fundado a partir de un trauma, de una fractura violenta que con el tiempo se ha vuelto más honda, más dolorosa, más evidente. De ahí que pensar en Guatemala como «nación» sea pensar en la distancia que separa sus polos, y en la imposibilidad aparente de integrarlos en su sistema coherente, democrático y plural. Hasta ahora, pensar en la historia de Guatemala es pensar en una interminable lista de proyectos fallidos cargados de imposición y violencia, pero es también pensar en una inagotable resistencia. Gracias a dicha resistencia, ha provocado el surgimiento de un arte vigoroso, rotundo y digno, que se impone a carencias de todo tipo para elaborar una estructura propia que lo sustente.
En muchos casos, los artistas guatemaltecos han debido anteponer el exilio a la imposibilidad y la muerte al silencio. Y en otros, como el poeta Luis Méndez Salinas, la resistencia a la represión. Las nuevas literaturastienen un papel coyuntural en ayudarnos a comprender, asimilar y lo más importante, a no olvidar losepisodios deleznables de la historia contemporánea guatemalteca. Y estamos seguros de que la poética comprometida de Luis Méndez Salinas, así como sus diferentes iniciativas librescas, mantendráviva la memoria y tenderá puentes de convivencia con el pasado, ya sea como un ejercicio de resistencia, ya sea como una premisa de vida, ética y responsabilidad poética.
Luis Méndez Salinas escribió Códex y Catafixia Editorial la publicó en 2012, bajo la colección lamalla.
Nació en 1986. s un arqueólogo, poeta y editor guatemalteco. Su obra poética aparece en las antologías Aldeas mis ojos: 10 poetas guatemaltecos después de la posguerra y Adornos de papel, entre otras. Coordinó los espacios de discusión y diálogo Poesía para armar y Desarmable, así como la antología crítica El futuro empezó ayer: apuesta por las nuevas escrituras de Guatemala. De su obra publicada, mencionaremos los títulos Sin pecado concebida (…y otras tantas) y Códex. Participó en el programa de invitación de la Feria del Libro de Frankfurt 2014. Colabora periódicamente con diversas revistas electrónicas y publicaciones impresas de Latinoamérica.
Códex es una de las primeras publicaciones de Catafixia, un proyecto editorial que actualmente Luis Méndez Salinas codirige con la también poeta Carmen Lucía Alvarado. El fondo editorial de Catafixia se nutre de una serie de colecciones. La Colección laMalla, que contiene versos de los poetas guatemaltecos y la Colección Latina, de poetas latinoamericanos fueron sus dos primeras colecciones.
El objetivo inicial no era la creación de un sello editorial como tal, sino un proyecto específico. Y lo que nació como una iniciativa para acercar lo mejor de la poesía contemporánea escrita en Guatemala y América Latina, floreció en un sello editorial más ambicioso. Su tercera colección fue La rueda, conformada por libros colectivos, especializada con obras de autores nacidos a finales de los años 70 y en la década de los 80. Como poetas y editores comprometidos con su realidad, crearon otra colección: Memoriales que se concentra en la historia política de Guatemala. Con la colección Nudo y desenlace se sumergen en la narrativa de ficción. Otras colecciones que destacan son Catalejo que incluye ensayos y “textos híbridos y cosas raras”, la Colección Bitol, de poesías contemporáneas, la colección Tz'aqol, de poetas formadores de la poesía hisponoamericana y la Colección No-Tiempo que reúne textos que escapan de cualquier concepción temporal.
Catafixia editorial traza caminos literarios con libros que nos conmueven, que nos ayudan a entender cosas, que nos ayudan a sentir y a pensar. Y acorde al espíritu rebelde y travieso de Luis Méndez y Carmen Lucía Alvarado, su nueva aventura literaria esla librería Catafixia, los libros en el centro, hermana gemela de la librería Santiaguito yun espacio sibarita de lectura, libros y buen comer, en pleno corazón de ciudad de Guatemala.
En Centroamérica entre líneas estamos enamorados de la magia que despliega el fondo editorial de Catafixia. En nuestros transitares literarios ya hemos caminado por obras de su fondo como Fábula asiática de Rodrigo Rey Rosa, Constante huida de Manuel Tzoc, Ixtab de Eduardo Villalobos, Oyonik de Julio Cúmez y Poetas astronautas de Carmen Lucía Alvarado.
Fuentes consultadas:
Méndez Salinas, Luis. Códex. Guatemala: Catafixia Editorial, 2012. ISBN: 978-9929-591-08-0.
Acuña, Memo (2023). Zona de Recarga con Luis Méndez Salinas (Guatemala). En: Zona de recarga (29 de junio, no. 146). Recuperado de: enlace
Méndez Salinas, Luis (2021). La dimensión geológica de la escritura. En: Punto de partida (190). Recuperado de: enlace
Méndez Salinas, Luis. Alvarado, Carmen Lucía (2018). La impostergable invención del presente: literatura guatemalteca actual. En: Universidad de Cádiz. Recuperado de: enlace
Gálvez Suarez, Arnoldo (2014). La Revolución y los arqueólogos del futuro. En: Nómada. Recuperado de: enlace
García, Felipe A. (2019). La edición como forma de resistencia. En: Revista Café irlandés (4 de noviembre). Recuperado de: enlace
Méndez Salinas, Luis (2023). Historias para sobrevivir en el tráfico. En: Soy 502 (30 de marzo, EP. 9). Recuperado de: enlace
Luis Méndez Salinas (2018). En: El nacional (14 de abril). Recuperado de: enlace
Mendizábal, Ana Lucía (2024). Catafixia, 15 años de libros. En: EP investiga (27 de octubre). Recuperado de: enlace
La Entrevista con Xabi: Luis Méndez Salinas (2023). En: Xabi , canal de Youtube (6 de julio). Recuperado de: enlace
Catafixia, una editorial de larga trayectoria en Guatemala (2023). En: Guatemala.com, canal de Youtube (3 de febrero). Recuperado de: enlace
Méndez Salinas, Luis (2014). Las placas tectónicas quizás influyen en nuestro mestizaje. En: Nómada (5 de noviembre). Recuperado de: enlace
Méndez Salinas, Luis. Códex (2012) Enlace web
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