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Centroamérica entre líneas: un blogcast de libros
27 de Anandy Velásquez
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27 de Anandy Velásquez

centroamérica entre líneas es un blogcast de libros.

En los diferentes tratados sobre la literatura de Honduras, la presencia de la narrativa y poética hecha por escritores, nótese el empleo del masculino, es apabullante en relación con las letras de las féminas. La literatura escrita por mujeres, especialmente su poesía, se diluye entre las profundas fracturas de una literatura periférica, carente de estudios que se preocupen por el tema. Una realidad que se puede extrapolar a toda la región centroamericana.

De los estudios existentes, destaca el realizado, a finales de los años 90, por la crítica literaria y antóloga hondureña, Adaluz Pineda de Gálvez. Según esta investigación, el trabajo poético de la mujer hondureña se puede ubicar en tres grupos: el grupo precursor, el grupo del medio siglo y el grupo contemporáneo.

Al primer grupo pertenecen aquellas poetas primeras en manifestar sus versos y darlos a conocer a la posteridad. Destacan nombres como Ana Irbazú de Guardiola, Teresa Morejón de Bogía, Josefa Carrasco y Lucila Estrada de Pérez, todas ellas incluidas en la generación finisecular, siendo su principal característica el verso rimado y el esquema romántico y con temas recurrentes como la naturaleza, la vida, la muerte, el amor, la familia y la patria.

En el grupo del medio siglo, se ubican los nombres de las poetas que, aunque nacidas a finales del XIX, empezaron a escribir muy entrado el siglo XX. Cronológicamente, se podrían llamar novecentistas. Publicaron después de 1930 y se reconoce la línea postmodernista en sus creaciones. Entre ellas podemos mencionar a Fausta Ferrera, Angela Ochos Velásquez, y Olimpia Varela y Varela, así como Clementina Suárez, Victoria Bertrand, Ángela Valle, Eva Thais y Litza Quintana. De este grupo surge el primer libro de poemas publicado por una mujer en Honduras, Corazón sangrante, publicado en 1930, de Clementina Suárez.

El tercero, el grupo contemporáneo se nutre con la poesía de las poetas nacidas entre 1940 y 1970 y destacan nombres como Juana Pavón, Sara Salazar Meléndez, Blanca Guifarro, Claudia Torres, Xiomara Bú, Alejandra Flores, Aída Ondina Sabonge, María Eugenia Ramos, Amanda Castro, Lety Elvir Lazo, Rebeca Becerra, Indira Flamenco, Yadira Eguiguren, Armida García, entre otras muchas. Caracteriza esta poesía la preocupación constante por los problemas de la patria y de su género. Entre los temas se encuentra la inevitable alusión a la condición femenina y el rescate de sus valores dentro de una sociedad que secularmente se los niega.

El elemento sensual y erótico está presente desde los versos de Clementina Suárez hasta los de hoy en día. En esos años, el feminismo marca la producción de este sector, con fuertes acentos reivindicativos. La crítica literaria internacional empieza a identificar la existencia de un movimiento de escritores y escritoras de esta literatura de las periferias, surgiendo también las voces de los poetas y narradores de los pueblos indígenas marginados. Los países centroamericanos comenzaron a preocuparse por otorgarles mayores espacios a voces de autores que habitan en regiones o periferias, incluidos garífunas, mayas y afrodescendientes, quienes integran, en la atmósfera literaria, una segunda y tercera capa de invisibilización. Es en este período que se da la aparición de mujeres poetas que reivindican en una doble dirección: los derechos y dignidades de las identidades indígenas y sus derechos y percepciones como mujeres, todo ello mediante una poética conversacional, que asume la lengua diaria, sea en un castellano lleno de cadencias propias de las lenguas originarias, sea en los idiomas maternos, con traducción sea al castellano, al inglés o a otras lenguas, sobre todo cuando las poetas debieron abandonar sus comunidades empujadas por el exilio. Al final de los años ochenta y los primeros noventa hubo una eclosión de poesía feminista afirmadora de la diferencia, del goce erótico y del autoerotismo, afianzada conforme nacía el nuevo milenio.

Centroamérica, en su conjunto literario, se encuentra rodeada de pluralidades, y la poética fémina que emana en el siglo XXI, se hace fuerte y presente en esta nueva coyuntura plural. Si los últimos decenios se han caracterizado por la reordenación de los mapas sociales, políticos, económicos y étnicos del planeta, no es menos cierto que han sido testigos de la eclosión en los espacios públicos de grupos emergentes. Uno de los más notables es el integrado por las escritoras que han roto fronteras y han marcado diferencias en este planeta dominado por la globalización y los avances tecnológicos. Resulta evidente que la creación literaria femenina ha tenido una participación prominente en el proceso de empoderamiento de las mujeres de distintas etnias y grupos sociales de Centroamérica, y especialmente de Honduras. Las poéticas hechas por mujeres centroamericanas, y por extensión, la realizada por una nueva generación de poetisas hondureñas, se hace visible. De igual forma, el panorama literario se ha abierto a una mayor aceptación de temas que hasta cierto momento de la historia fueron tabú e inaceptables, permitiendo el surgimiento de poéticas que abordan temas LGBTIQ+. Asimismo, el nuevo siglo se nutre de la tendencia a propuestas experimentales, lúdicas, con tonos irónicos y formatos híbridos, como parte del amplio interés hacia las neovanguardias latinoamericanas en la discursividad de las poéticas centroamericanas más recientes, en donde también debe mencionarse el caso de las poéticas de matriz cibernética experimentales, en constante convivencia con las propuestas estéticas —según el trabajo que se haga con el lenguaje— del feminismo, la estética ecologista, los realismos —en sintonía con el exteriorismo—, poesía de la cotidianidad con cada vez más presencia de elementos como música, películas, instrumentos digitales o series televisivas.

Este dinamismo se ha proyectado en el mercado editorial centroamericano, que se ha abierto a nuevas propuestas editoriales, más allá de los siempre presentes sellos estatales cuestionados por su sesgo ideológico y procesos internos de censura. Como respuesta aparecen otras editoriales, entre ellas de mujeres, creadas gracias a colectivos y agrupaciones que luchan por la igualdad de género y por tener mayor presencia en el campo literario. En gran parte esto se debe, directa o indirectamente, a logros provocados —bajo presión y lucha– por los movimientos feministas, cuya cuarta oleada se encuentra en evolución. Esta ebullición editorial ha redundado en el fortalecimiento de espacios de intercambio de ideas como son las ferias internacionales del libro de la región, destacando la Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA) o a la Honduras en Tegucigalpa; así como la organización de encuentros centroamericanos tales como los Festivales Internacionales de Poesía de Granada en Nicaragua, el de Turrialba, en Costa Rica, el Quetzaltenango, en Guatemala, y el de Los Confines en Honduras, y la consolidación de premios y certámenes como el Premio Centroamericano de Cuento Carátula, el Monteforte Toledo Novela, el Premio Nacional “Italo López Vallecillos” de El Salvador, El Premio Eunice Odio de Costa Rica o el Premio de Poesía Hondureña Fernando Antonio Paredes Vélez, por mencionar algunos.

Y un ejemplo del florecimiento de nuevas propuestas poéticas, en el marco de esta intensa y renovada coyuntura sociocultural en la región es la obra de la escritora hondureña Anandy Velásquez y su poemario 27.

La obra de Anandy habla por si misma. La poeta declara que su poemario nació del amor. Los potentes y renovadores versos de 27 hacen de este poemario un inusitado fractal de estructuras verbales en el que se entrecruzan, entre otros, fragmentos de infancia rescatados como de un abismo, incisivos señalamientos al poder imperante en el «infierno tropical» de una patria de sueños petrificados, certeras aseveraciones con las que desenmascara la decadencia humana, reflexiones sobre el lenguaje, agujeros por donde se grita no sin cierta ternura que se impone como un «ruido de fondo» en un mundo en perpetua caída.

Los 27 poemas de Anandy transpiran una velada reflexión crítica y profunda sobre la memoria, la decadencia social y la lucha interna en medio de un contexto agobiado por el caos, debatiéndose entre la ternura de los recuerdos, el esfuerzo de las amistades, la cosas que se quedaron sin decir y la dureza de la realidad actual.

Anandy se ha hecho un espacio propio, con una honesta voz de mujer poeta, de una escritora hecha así misma, cuyos versos nacen de su propio transitar de vida, de sus vacíos de existencia y de la plenitud de sus vivencias. Además de ser un abigarrado y alucinante panóptico, y a pesar de lo arduo que pueda parecer entrar en la frecuencia de este libro, 27 es un testimonio esencial de algo que Anandy declara con diafanidad y que podemos encontrar en el subsuelo de sus poemas:

lo que creo es sencillo

como este verso.

Anandy Isabel Velásquez, una joven que con su ópera prima ingresa con paso firme al universo poético hondureño y que, con un lenguaje fresco, potente y renovador, también hace un digno y sentido homenaje al joven poeta fallecido Fernando Antonio Paredes Vélez, al espacio cultural Paradiso y a la vida con todas sus implicaciones asumidas. En palabras de la historiadora, promotora cultural, ensayista y poeta hondureña Anarella Vélez, el poemario 27 es una conjunción entre la gran sensibilidad literaria de Anandy, la vocación tallerista de Samuel Trigueros y la decisión de la editorial Paradiso de mantener viva la memoria poética de Honduras y la memoria del poeta Fernando Antonio Paredes Vélez.

Con 27, la poeta Anandy Velásquez crea un paisaje emocional y visual a través de sus versos que buscan adentrarse en lo intangible, lo inefable, llevando la abstracción como una característica esencial en el desarrollo de la obra. En el poema 3/27, la poeta exclama:

Aunque la naturaleza

es sabia, no sabe de más.

Por ejemplo:

Cuando la cría nace enferma

la tigresa sabe qué cenar.

La poeta tiene una habilidad especial para construir estos versos "impetuosos", arropados por su estilo enérgico y apasionado, envuelto en una enriquecedora creatividad. Los 27 poemas de Anandy dan vida a una obra poética profundamente compleja y experimental, donde la poeta juega con la forma, el lenguaje y la abstracción para crear una experiencia inmersiva y desafiante para el que decide adentrarse en la lectura del poemario.

27 es un escenario ideal que elude las alusiones a una realidad concreta, pero que a la vez es resolutamente íntimo, tal y como declama en su poema 5/27:

¿Cómo no voy a estudiar

este fósil que soy

en tu sendero ausente?

De igual manera, el poemario equilibra lo lúdico —irrenunciable en su cosmogonía— con una severidad que sin duda es familiar a todos los hondureños que han vivido los embates de años difíciles y conflictivos. Así lo recita Anandy en su poema 14/27:

Si se sangra es

para que de la entraña

hinchada de sueño

surja la idea añorada.

Anandy Velásquez formó parte de Helecho Poético, taller literario en el que se fraguó su poemario 27. En palabras de Samuel Trigueros, escritor, editor de textos, guionista, libretista, actor y director de teatro hondureño, y promotor de este taller de letras, el comenta que, en su libro, Anandy hace valer con mano firme su derecho a ser tomada en cuenta en los relevos generacionales de la poética hondureña, y renueva la premisa vigente del buen escribir, que es aquello de que en poesía importa el qué decir, pero más el cómo decir: lección que muchos dejan de lado en su liviandad lingüística.

Anandy es una poeta tenaz y rigurosa, logrando que su poesía entrelace formas de larga tradición como el Haikú, y modernas a la manera de Emily Dickinson, pero también la voz personal de una poeta que desde la diáspora lanza su mirada al abigarrado escenario de su patria para extraer de él motivos y razones que constituyen el núcleo y nervio de su verso.

Y es que el poemario 27 es una revelación. Los poemas de Anandy encuentran una manera de decir, una manera de hacer poesía que no hace concesiones al facilicismo, llena de conciencia poética, de técnica y de verdades profundas que tienen que ver con el país, con la naturzaleza del desarraigo, de la migración y del ser.

Si entendemos vanguardismo como la ruptura con las tradiciones establecidas y la experimentación con nuevas técnicas narrativas y estilísticas, definitivamente Anandy Velásquez es una poeta traviesamente vanguardista que brilla con luz propia. En esta colección de poemas —que pueden considerarse como una única composición— encontramos un elaborado panorama lírico, inmersivo y pertinazmente abstracto, que la poeta construye hábilmente con versos impetuosos enriquecidos por interesantes permutaciones gramáticas y diagramáticas, planteamiento que no duda en llevar a sus máximas consecuencias en el poema 6/27. Este implica un valiente juego con el orden de las palabras y la organización visual del poema. En un ejercicio de democracia plena lectora o caos creativo por parte de la poeta, esta lleva a un extremo la experimentación con el lenguaje y la forma, empujando los límites de la abstracción y la estructura de una manera particularmente destacada:

Callado.

Todo.

Ruido.

Reservado.

Sigiloso.

Silencio.

Anandy es una poeta inquieta. La poeta realiza un delicioso ejercicio de cyber- haikus, inspirado en la era de la información, en su poema 23/27, conformado por ocho micropoemas o haikus, compuestos cada uno de ellos por tres versos, de 5, 7 y 5 sílabas, que utilizan el lenguaje sensorial para plasmar un sentimiento o una imagen.

Nube en pixel

digital es la niebla

fría la escarcha

En su poema 12/27 se inspira en algunas frases del guitarrista y cantante Jimmy Hendrix:

No quiero besar el cielo.

No quiero subir al cohete.

Lo que pretendo es separarme

de la tierra bajo el andén.

Este cantante, junto a otras celebridades, es considerado perteneciente al Club 27, una selección de artistas que murieron los 27 años y no lograron eclosionar su misión artística. De hecho, el título del poemario 27 rinde homenaje al mencionado Club de los 27. Si bien es cierto que no hay una evidencia estadística incuestionable, pero la coincidencia de los fallecimientos de Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison en dos años de la década de los setenta a esa misma edad generó un mito sobre una falsa maldición que resucitó con la muerte en 2011 de Amy Winehouse. El Club de los 27 es una lista informal que consiste principalmente en músicos populares, artistas, actores y otras celebridades que murieron a los 27 años de edad, como resultado de sus arriesgados estilos de vida.

El poemario 27 de Anandy Velásquez siembra 27 semillas que germinan en forma de recuerdos profundos, que emergen, tal vez, desde el eco perdido de una visión nostálgica de un pasado que la aferra a la calidez y belleza de una tierra que, sin embargo, está marcada por el sufrimiento y la desilusión, con la esperanza de que en algún momento llegue a alcanzar sus anhelos que por el momento el tiempo ha detenido.

La poeta exclama en su poema 5/27:

Tu única herencia,

lección innegable:

no mueren los sueños.

Se patrifican

Anandy es consciente de su contexto de país, a pesar de vivir desde hace tiempo fuera de Honduras. Sus poemas, al germinar, apuntan a una verdad cruda y directa sobre el deterioro de la sociedad misma. Sus poemas, 27, para ser exactos, nos ayudan a seguir buscando una conexión humana en medio del caos, la desilusión y la lucha por encontrar sentido en un entorno que parece estar derrumbándose a nuestros pies, aunque tengamos la sensasión perenne de que

No quedan preguntas con respuesta,

sólo la certeza de un epílogo absurdo.

Tal y como la poeta apunta en su poema 27/27.


Anandy Velásquez escribió 27 de y Nautilus ediciones la publicó en 2022, bajo su colección Helecho poético.

Anandy Isabel Velásquez Orellana nació en 1991. Conocida por su seudónimo Gato Negro, es una poeta hondureña. Desde inicios de 2020, forma parte del Taller Helecho Poético Internacional, dirigido por el poeta Samuel Trigueros. El poemario 27 es la ópera prima con la que Anandy Velásquez, obtiene el 1er Premio de Poesía Fernando Antonio Paredes en 2020, promovido por Editorial Paradiso de Honduras. Este premio surge para impulsar y reconocer la vibrante obra de poetas emergentes de Honduras que han emprendido construir, con denuedo, los futuros referentes de las letras de este país centroamericano.

En la antología DESARRAIGO: 18 poetas transfronterizos, publicado por Nautilus Ediciones en 2021, Anandy se definió a sí misma de la siguiente forma: «Soy el silbido de una lámpara florida. De la poesía y sus museos sólo sé la lección del fuego. No me pregunten más, sin antes encandecer sus máscaras. Existo en el espacio entre las palabras, antes de que aparezcan, y eso basta».


Fuentes consultadas:

  • Velásquez, Anandy. 27. Tegucigalpa: Nautilus Ediciones, 2022. ISBN: 978-84-09-40416-2.

  • Presentación de 27 de Anandy Velásquez (2022). En Librería Paradiso (10 de noviembre). Recuperado de: enlace

  • Presentación de 27 de Anandy Velásquez (2022). En Centro Cultural de España en Tegucigalpa (4 de febrero). Recuperado de: enlace

  • Acto de Premiación Primera Convocatoria Premio de poesía hondureña «Fernando Paredes Vélez» (2020). En Librería, Café y galería Paradiso (4 de febrero). Recuperado de: enlace

  • Alvarado, Leonardo (2017). Poesía de Honduras. En Cuadernos hispanoamericanos (1 de enero). Recuperado de: enlace

  • Limón. Raúl (2024). El Club de los 27 existe, aunque la maldición de que los grandes artistas mueren a esa edad sea irreal. En El País (4 de noviembre). Recuperado de: enlace

  • Pineda de Gálvez, A. (1998). Honduras: mujer y poesía : antología de poesía hondureña escrita por mujeres (1865-1998). Guardabarranco.

  • Arroyo Carvajal, Yordan (2023). Dinámicas literarias y poéticas centroamericanas. En Tintas. Quaderni di letterature iberiche e iberoamericane, (12 pp.: 307-331. Recuperado de: enlace

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